Agustín Espinosa / Obra personal
Córdoba
El lugar que recuerda
El lugar que recuerda
Un recorrido por Córdoba: el puente, la luz de la celosía y la memoria de sus columnas.
La noche sostiene la historia
El Guadalquivir recoge el oro de Córdoba y lo deshace entre sus aguas. Sobre él, el puente romano conduce la mirada hacia la Mezquita-Catedral, donde los siglos se superponen como voces que aún podemos escuchar.
La oscuridad guarda los detalles. La luz nos invita a cruzar.
La luz de quien regresa
La guía sigue hablando, pero al pasar junto a esta puerta dejo de escucharla. Algo en la luz me hace detenerme.
Entra por los huecos de la celosía, se divide entre sus formas y se extiende hacia nosotros. Por un instante imagino a Abderramán I al otro lado, mirando desde fuera la mezquita que mandó levantar.
Me pregunto qué verá. Qué reconocerá entre tantos cambios. Qué pensará de nosotros, que recorremos su sueño con una cámara en las manos.
Los halos avanzan por la penumbra y tengo la sensación de que acaba de entrar. Sin interrumpir la visita, sin pedir que nadie advierta su presencia. Solo para contemplar lo que permanece y mirarnos mientras lo descubrimos.
El grupo continúa. Antes de seguirlo, vuelvo la cabeza.
Todavía está entrando.
El lugar que recuerda
La visita continúa entre columnas. Algunas ya eran antiguas cuando comenzó a levantarse la mezquita. Habían sostenido otros edificios, conocido otras voces. Ahora sus diferencias se pierden en un bosque de arcos rojos y blancos que parece prolongarse más allá de lo que alcanzo a ver.
La guía habla de lo que hubo antes, de los restos que permanecen bajo nuestros pies. Bajo este suelo también hubo quienes acudieron a rezar. Intento imaginarlos aquí, a otra altura, entre paredes que ya no existen.
Me pregunto qué encuentra el ser humano en un lugar para volver a levantar en él su templo. Si basta con heredar sus piedras o si hay algo más difícil de llevarse.
El grupo se aleja y durante unos segundos me quedo atrás. Entre las columnas, el silencio tiene una profundidad extraña. Como si todas aquellas oraciones hubieran terminado y aún quedara algo por escuchar.
Miro hacia el suelo.
Cuánto de lo que siento vendrá de lo que no puedo ver.
