Agustín Espinosa / Turín
Eternidad
Solo un cristal. Treinta siglos entre ambas
Eternidad
Solo un cristal. Treinta siglos entre ambas
Hay encuentros que desafían al tiempo.
Ella nació bajo el sol de Egipto, cuando los faraones aún hablaban con los dioses y el desierto era un océano de eternidad. Tres mil años después, descansa lejos del Nilo, en una sala silenciosa de Italia, donde cada visitante apenas puede imaginar el viaje que la condujo hasta allí.
Lola no observa una momia. Contempla una vida convertida en misterio. No hay miedo en su mirada, solo admiración y un respeto absoluto por quien fue, por quien creyó que la muerte era únicamente el comienzo de otro camino.
Entre ambas no existe una conversación. Solo un cristal.
Un cristal que separa treinta siglos de historia y dos mundos que jamás debieron encontrarse. A un lado, el presente con sus preguntas. Al otro, un cuerpo que parece guardar respuestas que nadie ha conseguido descifrar.
Quizá el verdadero secreto de las momias nunca fue vencer a la muerte.
Quizá siempre consistió en aprender a esperar.
