Agustín Espinosa / Sagrada Família
El cielo tiene raíces
El cielo tiene raíces
Aquí, perder el norte empieza por mirar arriba.
Las columnas se abren en ramas. El azul se cuela entre la piedra y una claridad dorada parece arder en las bóvedas. Todo converge, aunque cuesta decidir hacia dónde: al corazón de un bosque o al interior de una estrella.
Bajo estas formas gaudianas, la gravedad sigue sujetándote los pies. La mirada ya pertenece a otra parte.
Buscas una señal entre los símbolos. Algo que te permita regresar al mundo de las calles, los relojes y las cosas que sabes nombrar.
Pero llevas demasiado tiempo mirando.
Y empiezas a preguntarte si las raíces están arriba… o si eres tú quien ha quedado suspendido.
