Agustín Espinosa / París
París
Una calle cualquiera
París
Una calle cualquiera
París siempre ha querido ser una postal. Lo curioso es que, visto desde arriba, ni siquiera parece una ciudad: parece una maqueta cara, de esas que uno no se atreve a tocar por miedo a que el urbanista se enfade. Desde esta altura, la calle deja de ser calle y se convierte en un juguete. Los coches son piezas de un scalextric silencioso, los peatones son figuritas de plástico que alguien ha colocado con demasiada paciencia, y las fachadas… las fachadas son el recordatorio de que aquí todo está diseñado para ser mirado, incluso cuando nadie mira.
La escena es sencilla: una calle cualquiera de París, recta, obediente, flanqueada por edificios que se repiten como si la ciudad hubiera hecho “copiar y pegar” con sus propias manzanas. Tejados grises, chimeneas alineadas, balcones que parecen decorado de teatro. Nada extraordinario. Y sin embargo, cuando la miras desde arriba y le aplicas ese efecto miniatura, la ciudad se rinde: deja de tomarse tan en serio a sí misma.
