Agustín Espinosa / Estudio gráfico
El caso de la mujer inacabada
El caso de la mujer inacabada
A las ocho y diecisiete, la multitud tenía una coartada: todos aseguraban estar de paso.
Pero, vista desde arriba, aquella gente formaba un rostro.
Los de rojo dibujaban unos labios que nadie había visto moverse. Los de negro se agrupaban en un cabello todavía incompleto. Y alrededor del ojo, cientos de desconocidos guardaban una distancia sospechosamente exacta.
Nadie admitió conocer a la mujer.
Lo extraño llegó después, cuando un hombre abandonó su lugar entre los demás.
La expresión de ella cambió.
Desde entonces, nadie se atreve a marcharse.
Mira bien. Quizá el que falta seas tú.
